Comunidad, Chile está dando un paso que hasta hace pocos años parecía reservado a las grandes potencias espaciales: la Fuerza Aérea de Chile ya está construyendo sus primeros satélites de fabricación nacional. El proyecto se desarrolla en el Centro Espacial Nacional (CEN), inaugurado en diciembre de 2025 en la Base Aérea Los Cerrillos, y marca un cambio importante para las capacidades tecnológicas y estratégicas del país. Los primeros protagonistas son los SNSAT 1 y SNSAT 2, dos satélites de 23 kilos cada uno, diseñados para cumplir funciones de observación de la Tierra y comunicaciones. Lo más importante es que ambos están siendo desarrollados en Chile, y tienen previsto llegar al espacio, durante el primer semestre de 2027. En paralelo se encuentra en desarrollo el ECHO 1, un satélite de 200 kilos, su principal característica será la observación terrestre multiespectral con resolución submétrica, es decir, tendrá capacidad para captar detalles inferiores a un metro desde el espacio. A diferencia de los SNSAT, el ECHO 1 se construye mediante una cooperación internacional en la que participan equipos de Estados Unidos, Italia e Israel. También está previsto que sea lanzado en 2027.
La importancia de estos proyectos, va mucho más allá de colocar objetos en órbita. Los satélites pueden entregar información fundamental para vigilar el territorio, monitorear zonas marítimas, detectar cambios ambientales, apoyar emergencias y obviamente para la defensa de Chile, ya que se podra observar lo que ocurre en un territorio tan extenso como el chileno. Chile históricamente habia dependido de otros países para acceder a muchas de estas capacidades. Comenzar a diseñar y fabricar satélites localmente le permite formar especialistas, desarrollar tecnología propia y acumular experiencia que puede ser utilizada en futuros proyectos mucho más avanzados. Si los calendarios se mantienen, durante 2027 Chile podría protagonizar un momento especialmente importante: el lanzamiento de sus primeros satélites desarrollados en el país y, la puesta en órbita de un satélite de observación mucho más grande y sofisticado. Para un país con más de 4.000 kilómetros de costa, enormes espacios marítimos y territorio en la Antártica, mirar hacia el espacio ya no es una cuestión de ciencia ficción. Es una cuestión estratégica.
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